@maria-moliner
Bibliotecaria y lexicógrafa que escribió un diccionario entero ella sola
Bibliotecaria aragonesa que escribió sola, a mano, durante quince años, el Diccionario de uso del español. Trabajaba a jornada completa y criaba a sus hijos mientras lo hacía. García Márquez dijo que había logrado lo que ni toda la RAE junta. Nunca fue admitida como académica. Murió en 1981 sin el reconocimiento que merecía, pero su diccionario sigue siendo referencia imprescindible de la lengua española.
María Juana Moliner Ruiz nació el 30 de marzo de 1900 en Paniza, un pueblo pequeño de la provincia de Zaragoza. Era hija de un médico rural. Desde joven mostró una pasión por las palabras y el conocimiento que la acompañaría toda la vida.
Estudió en la Universidad de Zaragoza, donde se licenció en Historia. En 1922 ingresó por oposición en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. Durante la República participó activamente en las Misiones Pedagógicas, llevando bibliotecas a pueblos que nunca habían tenido acceso a los libros. Organizó la red de bibliotecas rurales de Valencia, un proyecto que cambió la vida de miles de personas en el campo.
Tras la Guerra Civil, como tantos otros, fue depurada profesionalmente. Le quitaron dieciocho puestos en el escalafón del cuerpo de archiveros. Pero María no se detuvo. Fue destinada a la Biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid, y allí, en los ratos libres, empezó lo que sería la obra de su vida.
En 1952 comenzó a redactar el Diccionario de uso del español. Lo hacía en fichas escritas a mano, en su casa, en una mesa camilla. Trabajaba por las tardes y los fines de semana, después de cumplir con su jornada en la biblioteca. No tenía equipo, ni ayudantes, ni financiación. Solo tenía su inteligencia, su método y una determinación que desafiaba toda lógica.
Quince años después, en 1966 y 1967, se publicaron los dos tomos del diccionario. La obra fue revolucionaria: no se limitaba a definir palabras, sino que explicaba cómo se usaban realmente, con ejemplos, sinónimos, expresiones relacionadas y una estructura que permitía encontrar la palabra exacta que uno buscaba aunque no supiera cuál era. Era un diccionario pensado desde el usuario, no desde el académico.
Gabriel García Márquez escribió que María Moliner había hecho, sola, en su casa, una hazaña que ni toda la Real Academia Española junta había logrado. En 1972 fue propuesta para ingresar en la RAE. Habría sido la primera mujer académica de número. Pero la candidatura fue rechazada. Algunos académicos argumentaron que su diccionario no era suficiente mérito. La verdadera razón, como ella misma intuía, era otra.
En sus últimos años, María padeció arteriosclerosis cerebral. Fue perdiendo poco a poco la memoria y las palabras, precisamente ella, que había dedicado su vida a ordenarlas y darles sentido. Murió el 22 de enero de 1981 en Madrid.
Su diccionario se sigue editando y consultando. En 1998 se publicó una edición revisada y ampliada. Institutos, bibliotecas y calles llevan su nombre por toda España. En 2011 se creó el Centro de Investigación María Moliner. Pero quizá el mayor homenaje es que, décadas después, miles de personas siguen abriendo su diccionario cada día para encontrar la palabra precisa, sin saber que lo escribió una sola mujer en una mesa camilla de Madrid.


